Corriendo en lugares con acueductos y brujas. Crónica de una carrera romana.

El viernes 6 fue un día bastante particular dentro de este viaje de vacaciones. Último día en Roma.

Hace cosa de un mes, cuando estaba armando el viaje, empece a buscar carreras que coincidieran con mi estadía en Italia, para darle el condimento running al viaje, ya que venia entrenando y era una excusa para conocer partes de la ciudad que seguro no estarían en el recorrido turístico habitual.

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Viajando solo en lugares

Siempre viajo solo. O casi siempre. Por trabajo, por estudio, por vacaciones.

Después de leer el post sobre viajes egoístas de mi amigo Juano me puse a reflexionar en estos días porque salvo esos viajes de trabajo donde comparto con colegas que muchas veces son amigos, la constante en mis viajes es siempre “base single”. Siempre me gusto ir a lugares poco comunes y cuando la gente me pregunta “¿solo?”, ante mi respuesta afirmativa dicen “que valiente”.

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Praga y Karlovy Vary. Una posta musical en el centro de Europa.

Corría el mes de enero de 2012. El viaje que decidí hacer para perfeccionarme y para conmemorar mi vigésimo quinto aniversario de mi natalicio (bah, mi cumpleaños), ya había promediado la mitad del mismo (me encuentro 5 años después, haciendo lo mismo para auto-homenajearme, yendo a la Patagonia; nada es casual…), y después de un poco más de un mes en Paris, estudiando, tomando clases, empapándome de la ciudad y todos sus recovecos, empezó lo que yo denominé “Peregrinaje al este”. Iban a ser un poco más de dos semanas yendo hacia el este del continente y volviendo del mismo teniendo como vértice más oriental la ciudad de San Petersburgo (#porqueRusófilo).

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La escala anterior a llegar a Rusia era la República Checa, y a la que le destiné casi 5 días a recorrer Praga y sus alrededores. Para mí, tenía mística, el más occidental de los países eslavos, una nación con un acervo musical notable, y una historia compleja.

Desde el palacio

Venía desde Colonia (Köln) en un vuelo de GermanWings, aterricé en el aeropuerto de Ruzyne y luego de un viaje breve en bus y metro llegue a mi hostel. El Chili Hostel de la calle Pštrossova, cerca del Moldava. Praga me recibió ese lunes con un sol radiante de invierno con una mágica luz vespertina sobre el río maravilloso que inspirara a Smetana a componer “El moldava“.

Tarde en Praga

Embargado de una gran emoción fui hasta el Puente de Carlos (Karlův Most) sin antes cruzarme (de pura casualidad) con el Národní Divadlo (teatro nacional), uno de los varios teatros de ópera y conciertos de Praga. Pasé por la boleteria sin demasiada esperanza, y casualmente esa noche daban “Rusalka” la ópera más famosa de Antonin Dvořák (el compositor checo probablemente con mayor proyección internacional), y conseguí la entrada por 55 coronas! (un poco más de 2 euros en ese momento). Ver Rusalka en el teatro donde se había estrenado (111 años antes) y después ir a comer unas salchichas a la taberna donde Smetana y los nacionalistas iban luego de la opera en el siglo XIX  era un plan fantástico. Praga me recibía de la mejor manera.

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Tenía una gran expectativa con Praga. Hay gente que dice que Nueva York es la capital del mundo y que París es la ciudad más linda del globo. Para mí Praga es la ciudad más mágica del planeta. O al menos de lo que yo conozco.

Los siguientes dos días (ya entrada la temible ola siberiana de ese año) me dediqué a caminar sin pausa por la ciudad.

En el monumento a Kafka
En el monumento a Kafka

Me permito recomendar ampliamente el freetour, si tenes poco tiempo es un pantallazo súper práctico, y sino, caso contrario, te permite elegir en que profundizar después.

Visite el castillo de Praga, y ver todas los edificios que componen, siendo todos de distinta época, un complejo arquitectónico notable, encabezado por la catedral de San Vito.

el castillo de noche

Y sin olvidarme del otro “Polo turístico” de la ciudad, la plaza del reloj astronómico. Zona separada del castillo por el puente de Carlos, pero cercano al legendario barrio judío y su cementerio (Josefov) y en el corazón de la ciudad vieja donde hay otros atractivos “importantes” en el ámbito musical. El Teatro de de los Estados, y en la orilla del moldava, el Rodolfinum. Una de las mejores salas de concierto del mundo, sede de la Filarmonica Checa.

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Hay cientos de post hablando de Praga y sus atractivos turísticos y con motivo porque  son cientos. Prefiero contarles mi experiencia como músico-turista. En una ciudad que si al turista normal tiene mucho para ofrecer (y se empeña en cuidar al turista, con una excelente oferta gastronómica y hotelera, y un sistema de movilidad excelente, aunque dado el tamaño de la ciudad es todo “caminable”), en el rubro música es muy especial. Ya les conté del Rodolfinum,  del Teatro Nacional, de Dvořák (de quien visite su ultima residencia denominada Villa Amerika ya que la ocupó posteriormente a su residencia en Nueva York, actualmente un museo, al igual que la de Smetana, que esta al pie del puente de Carlos, un lugar horrible para vivir #not; así como la residencia pranguense de Mozart del otro lado del Moldava).

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Encontrándome con un colega argentino de ascendencia checa que estaba pasando nuestro verano en Praga aproveche para conocer la vida musical de la ciudad. Amén de haber visto algún espectáculo todas las noches (óperas, y conciertos, la oferta cultural de esta ciudad es practicamente ilimitada, y sala quasi llena siempre) en el Rodolfinum y en el Nárdoní divadlo (el Stani Divadlo, el teatro del Estado, y el Teatro de los Estados estaban completos, ni un ticket disponible), por precios irrisorios a la calidad ofrecida; me di el gusto de conocer la Academia Nacional de Musica, una de las escuelas de música de alto nivel más renombradas del mundo, y ver el ambiente académico de la ciudad.

Un lugar imperdible, seas músico o no, es el museo de instrumentos musicales, una colección de rarezas del lado oeste del moldava cerca del castillo, y dentro del castillo (no lejos del museo) el palacio Lobkowicz (quien fuera una familia de mecenas en el siglo XVIII y XIX, auspiciando entre otros a Beethoven).

piano de doble caja

Pero en Praga no fue todo música y caminar durante horas por las gélidas calles cargadas de una nostalgia rigurosa que era muy poética (la nevada y el frio exacerbaban mi imaginación).

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En el hostel donde me alojaba, atendían dos chicos muy serviciales y mientras ellos aprovechaban a practicar su español conmigo, me sugirieron dos paseos (uno quedó pendiente). Eran Karlovy Vary y Terezin. Me incliné por el primero.

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Karlovy Vary ahora famosa por su festival de cine y la fábrica de Becherovska (un licor de de hierbas bien espirituoso), otrora Karlsbad (su nombre germánico, ya que esta proxima a la frontera y cerca de Dresde), es una ciudad termal en el medio de un valle muy antigua fundada hacia 1350, famosa desde la época en que  Goethe lo visitaba. El y muchisimos artistas, como así personalidades destacadas de las historia y miles de anónimos, pasaron durante siglos por esta ciudad como una parada es un ruta viniendo o yendo hacia el este (porque #peregrinajeAlEste) a reposar y tomar baños.

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La ciudad no es lejos de Praga, pero la conexión ferroviaria es un poco ineficiente por la cantidad de conexiones que hay que hacer. Preferí tomar un bus. Pero en contra de mis principios un bus turístico. ¡¡QUE SALÍA LO MISMO QUE UNO DE LINEA!!, y ademas incluía una visita a una fábrica de cristal (el famoso cristal de Bohemia, la zona occidental de la República Checa) y nos dejaba 6 horas para recorrer Karlovy Vary. Ni lo dude, porque ademas los comentarios de la guía eran muy enriquecedores.

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La ciudad tiene un aire distinguido y señorial, largas galerías con las fuentes de aguas termales que son bebibles, y en varios negocios venden unas tazas de porcelana con imágenes para ir tomando agua que uno mismo se sirve mientras camina (lamentablemente se me rompio cuando hacia una limpieza y volo al piso… #unMotivoParaVolver). Insertadas en la arquitectura barroca, edificios de estilo soviético como grandes hoteles grises dominan el paisaje. La ventaja de estos hoteles “soviéticos” es que se puede comer a muy buen precio, y luego ir a las piletas de aguas termables al aire libre por 50 coronas. Obviamente lo hice, afuera 0 grados (la sensación termica con el viento -8), el agua a 29 grados! Una de las experiencias más bizarras y placenteras de aquel viaje.

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Praga es una ciudad turística, la mayor parte de los recorridos la incluyen, pero por breve tiempo. Mi humilde consejo, es dedicarle un par de días, caminar, conocer sus teatros y perderse un poco por la ciudad vieja. Y si les sobra un día vayan a Karlovy Vary. Si fuiste a Terezin o Cesky Krumlov, y tenes ganas de contarme que te parecieron, no dudes en dejar tu comentario, porque los tengo en el “debe” y para mi son un motivo más para volver a la Republica Checa.

¿Por qué viajamos a donde viajamos?

Los viajes que uno realiza de manera voluntaria (vamos a decir los de ocio o vacaciones en contraposición a los laborales) responden a muchas variables. Pero últimamente me surgió la intriga de que es lo que nos hace elegir entre un destino u otro.

Más allá de diferentes variables objetivas (la económica por ejemplo) o subjetivas (montaña/mar – descanso/descubrimiento) me llama la atención justamente que lleva a la gente a elegir por ejemplo entre dos playas separadas por cinco kilómetros o tal o cual cerro en la Patagonia, o si Madrid o Barcelona.

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Mi primera carrera de aventura (sin saber de que se trataba)

Hace poco más de un mes corría con @juanoflyer mi primera media maratón y después de 4 semanas de entrenar con muchas ganas alternando con varios conciertos que hubo este mes, Rostislav un amigo que trabaja en la municipalidad conmigo me convenció de anotarnos en la carrera 3F aventura, que era de diez kilometros (había una variante más corta de cinco, y una para chicos de un kilómetro). Le dije “¡de una, vamos! Me viene bien para achicar un poco los tiempos”

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Mi primera vez en Moscú. Impresiones de un capítulo más en el peregrinaje al este.

Rusia siempre me generó una magnética atracción desde que era chico. No sé bien porque aún. Quizás sea la personalidad tan fuerte de sus compositores, la admiración por sus intérpretes, el frío reinante gran parte del año, el uso del alfabeto cirílico. O quizás todas, incluso algún motivo no consciente. El hecho es que me encanta Rusia y todo lo que tenga que ver con ella y el mundo eslavo.

Mi primer acercamiento fue en 2012, al finalizar un viaje de estudios, con un amigo decidimos escaparnos tres días a San Petersburgo. Un flash. Llegar a Pulkovo (el aeropuerto de San Petersburgo) fue como aterrizar en la Unión Soviética (aún no había sido modernizado). Caminamos como locos, el museo Hermitage, la Nevsky Prospekt, las fabulosas iglesias ortodoxas… Y en el medio de la famosa ola siberiana de ese año… Llegamos a tener -33 grados de sensación térmica… Tremendo.

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El día después de mi primera media maratón 

Lunes. 24 horas después de correr 21k. Me levanté, y por recomendación de Martín (mi entrenador) salí a correr tranquilo un poco, para relajar y eliminar el ácido láctico. Y mientras corria me hice la tan temida pregunta: “¿Y ahora qué hago?”. “Dejó de correr, total estoy hecho con este logro” #not “bueno me relajo un poco” #not; tenía la adrenalina de la carrera encima, y solo faltaba la chispa de que alguien me dijera “¿y si te anotas en la maratón? Total, “tenés un mes más”. Me pareció una locura. Más aún viendo en retrospectiva, porque como decía en El día que empecé a correr, un año después, hace un año me moría de risa del hecho de pensar en correr o hacer actividad física.

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El día que empecé a correr, un año después

 

Estoy muy feliz. Hace una semana, el domingo pasado corrí mi primera media maratón. 21,097 metros. 210 cuadras.

Lo importante es mirar atrás, hace exactamente 365 y una semana empezaba a correr. De a 100 metros a la vez. Era una persona sedentaria pesaba más 95 kilogramos y de hacer actividad física mejor ni hablar porque eso es para locos… Pensaba en mí interior. Quién lo diría…

Y casi como un desafío viajero. Mi amigo Juan Manuel con quien compartimos la pasión por viajar (y ahora el running) me dice “el primer fin de semana de octubre es la carrera de (ex) LAN, si la corres te dan 1.000 km de viajero frecuente”. Me maté de risa. ¿Yo correr? ¿Actividad física? Bueno, todo sea por los kilómetros/millas. Dije “vamos a intentarlo”. Con su ayuda en un mes corrimos los primeros 5 kilómetros de mi vida. Y encima me dieron kilómetros de viajero frecuente. Fue un viaje de ida…

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